La existencia de la humanidad pende de un hilo, los dioses están dándole su ultima oportunidad... te han dado poder... ¿qué harás con ello?
 
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 Historia del rol

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Kim Jaejoong
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Fecha de inscripción : 08/11/2011

MensajeTema: Historia del rol   Lun Nov 21, 2011 12:37 am

El templo se hallaba en completo silencio, sólo el sonido del viento se escuchaba entre los pasillos de aquel legendario lugar. Un lugar milenario que oculta entre sus sombras la verdad tras la existencia de la humanidad.

Miles de años hace, este lugar era de veneración a antiguos dioses. Dioses a los cuales se les fue restando importancia y cayeron en el olvido, siendo recordados en la actualidad como leyendas, mitos de civilizaciones antiguas y tan atrasadas científicamente, a las cuales se les atribuye la creación de estos seres sobre humanos para explicar aquello que sus limitadas mentes no podían entender.

Pero ¿Es así? ¿Son en verdad esos seres completamente ficticios? ¿Son realmente creaciones de la mente humana?

Este templo, milenios atrás era el centro ceremonial de Luxor, lugar donde el Dios Horus tenía su culto. En la sala principal, el trono justo en el fondo, dominándolo todo, entre este y la puerta de entrada, una pileta, donde la leyenda cuenta, corrían las arenas infinitas del tiempo, un caudal que jamás se detenía, sin embargo, ahora no se encontraba nada ahí.

El silencio del lugar se ve interrumpido a penas por zumbido del aire, que poco a poco se va volviendo más fuerte, hasta convertirse en un remolino con poder inimaginable, del cual se desprenden dos figuras que gráciles depositan sus pies en el suelo de cantera labrada, ya desgastada por los años.

- Nos ha citado aquí… pero al menos debió haber limpiado un poco antes ¿No lo crees así?- se quejó uno de ellos, arrancando una sonrisa de los labios de su acompañante.
- Osiris, hermano… no seas tan pendenciero…- le dijo bostezando un poco.- lo que sea que quiera decirnos entre más rápido sea, mucho mejor ¿No lo crees así?- El otro se encogió de hombros, revisando con la mirada el lugar.- Parece que ha transcurrido una eternidad desde la última vez que estuvimos aquí…- murmuró.
- Lo ha sido, Hathor…- La voz que se escuchó desde la sombra los alertó de un recién llegado.- ha sido una eternidad en la que ellos nos han olvidado, en la que han hecho lo que han querido con su existencia y el mundo que les dimos.
- ¡Anubis!- mencionaron los otros dos con un poco de sorpresa y poniéndose a la defensiva.

El recién llegado salió de las sombras, pero no hizo ademán de acercarse a ellos.

- ¿Qué rayos haces aquí?- preguntó Osiris entre dientes.
- Lo mismo que ustedes… fui requerido por él. Tiene algo que decirnos y no parecía muy contento por convocarnos… así que no consideraría ésta una visita de cortesía.
- Sea lo que sea, pudiste esperar a que hablara con nosotros y aparecerte después…
- ¿No has escuchado, Hathor? Nos ha convocado al mismo tiempo. ¿Eso no te dice algo?
- Lo que sea que quiera, no debe de juntarnos… él mismo sabe…
- ¡¡¡Basta!!!

La voz que escucharon retumbó por cada uno de los rincones del templo. Una fuerza se sintió estremeciendo hasta los cimientos de aquel lugar que había podido resistir los embates del tiempo. Y de repente fue como si el tiempo no hubiera pasado por aquel sitio. El lugar se revistió con la grandeza de sus mejores años.

Platos de oro, joyas, piedras preciosas, amontonadas a los pies del trono del Señor del templo. Las antorchas brillaron, encendiéndose por sí solas. Y las arenas infinitas del tiempo volvieron a correr por esa pileta, sin detenerse.

Los tres seres se plantaron ante aquel que les había callado, inclinándose ante él mostrando el respeto que merecía y les imponía aquel sentado en el trono.

- ¿Es que acaso no pueden encontrarse en un mismo lugar sin armar una batalla entre ustedes cuatro? De todos, son los que más problemas me han dado en los últimos tiempos ¿Qué pasa con ustedes?

Fue el reclamo de aquel que sostenía un cetro y lo blandía apuntando hacia ellos, sabiendo que de ser atacados, no podrían librarse jamás de ese poder que podría reducirles a nada.

- Lo lamentamos, mi señor Horus.- murmuro Osiris, entendiendo que la situación no es la apropiada para otro argumento.
- ¿Dónde está Seth?- preguntó levantándose de su sitio y dirigiéndose hacia ellos al ver que los que había convocado estaban incompletos.
- Eso es algo que me atrevo a decir, los tres ignoramos.- habló aquel llamado Hathor.

Horus levantó su cetro y las arenas del tiempo formaron un embudo, por donde llegó el ser faltante, el cual salió disparado contra una de las paredes del templo, aporreando estrepitosamente su espalda contra el duro material.

- Te convoqué junto con tus hermanos… ¿Por qué no llegaste?

Seth se levantó del suelo con una sonrisa burlona en los labios, sacudiendo de su cuerpo invisibles granos de arena.

- ¿Para qué si con estos tres que han venido tienes suficiente para divertirte?- le respondió sin borrar esa sonrisa de sus labios.
- Deja tu sarcasmo por un lado, Seth y contéstale a Horus.- le increpó Hathor con un los puños fuertemente cerrados.
- ¿Por qué he de responder algo que es evidente? No vine, porque no se me dio la gana ¿Tienes algún problema con eso, Hathor?
- Eres un…
- ¡Ustedes!- Horus elevó la voz, deteniendo cualquier otro argumento que fuera a salir de la boca de cualquiera de ellos. - ¿Qué es lo que sucede con ustedes?- volvió a preguntar.- nuestra madre Isis está preocupada… sus hijos cada vez que se encuentran, se tratan de matar.

Los otros cuatro fruncieron el ceño ante la mención de la Diosa madre.

- Ellos son siempre los que empiezan.- se escuchó la voz de Osiris.- diciendo pestes de la raza humana, sin conocer si quiera una milésima parte de esta.
- No decimos pestes… decimos la verdad.- se oyó la voz de Anubis después de tanto tiempo en calma.
- ¿Verdad? Ustedes no conocen ni saben la verdad acerca de ellos…
- Lo dice aquel que sus súbditos lo confundieron con una mujer.- acotó socarronamente Seth mientras con una de sus manos jugaban entre el torrente de las arenas que caían en la pileta. Hathor le miró con enojo.
- Al menos a mí no me pusieron cara de caballo.

Seth se levantó con furia en su mirada.

- La raza humana debería ser arrasada, disminuida a la nada y volver a comenzar con una nueva especie que sí respete a sus Dioses y pueda respetar su entorno, sin dejarse llevar por la avaricia y el ansia de poder.
- ¿Cómo acabar con un ser tan maravilloso que ha creado tantas cosas hermosas?- preguntó Osiris.- ¿Qué ha llegado a donde está por sí solo?
- ¿Cosas maravillosas? Sólo deja una estela de destrucción a su paso.- Anubis les miró con resentimiento.- sus propios semejantes sufren por la ambición de otros. Hambruna, muerte, enfermedades que jamás se habían visto ¿Es eso hermoso acaso?
- Pero aún hay seres con bondad en su corazón…- Hathor habló.- aún hay quienes luchan contra esas enfermedades, quienes claman justicia, quienes intentan detener la hambruna…
- Pero fracasan miserablemente ante esos que tienen el poder y sólo ven su beneficio.

Horus escuchaba atentamente a cada uno de ellos, cada argumento.

- Pero hay quienes aún mantienen su esperanza intacta.
- Una nada comparado con los que sólo buscan el poder a su paso.
- ¡A callar todos!- se escuchó la poderosa voz del Dios del tiempo a través de la sala, callando cualquier otro argumento entre los otros cuatro Dioses.- El ser humano ha sido una molestia en las últimas Eras, no voy a negar eso… la creación de nuestros padres no resultó tan perfecta como ellos creyeron. Sin embargo…- Horus se sentó en su trono mirando hacia cada uno de los presentes.- Sus puntos de vista están totalmente sesgados… cada uno tiende a ver lo que más aprecia o desprecia de ellos. Osiris, siendo Dios de la Vida, está obligado instintivamente a protegerla… Hathor, siendo Dios del amor, busca la bondad entre los corazones de los seres humanos, aunque estos no tengan una pizca de eso. Seth, Dios de la guerra, sólo puedes ver discordia y violencia por donde mires… mientras que tú, Anubis, como Dios de la muerte, sólo eso puedes encontrar a tu paso… ninguno tiene el criterio necesario para decidir si la humanidad es o no es una escoria como lo afirman Seth y Anubis… o si es algo digno de apreciar como sostienen Hathor y Osiris…

Los cuatro Dioses se sintieron intimidados ante la mirada del Dios de los Dioses.

- Así que he tomado una decisión… y los cuatro la acatarán sin reparo alguno. ¿Está entendido?- Tres de ellos asintieron, Seth únicamente bufó por lo bajo. Horus tomó eso como un sí.- La decisión de acabar o no con la raza humana dependerá de ellos mismos…- los cuatro le miraron, totalmente confundidos.- nos mezclaremos entre ellos, y USTEDES buscarán a las personas que realmente puedan apoyar o refutar las razones de unos y otros para buscar mi apoyo. Si Hathor y Osiris llegan a convencerme de que el ser humano es algo digno de admirar, les dejaremos seguir su existencia tan tranquilamente como hasta ahora… PERO, si Seth y Anubis me demuestran que sus razones tienen fundamentos, entonces yo mismo arrasaré con ellos sin misericordia.

Hathor y Osiris se miraron a los ojos y no pudieron evitar cierta angustia, pero confiaban en que Horus sería justo y ellos podrían demostrar su punto de vista de la humanidad.

Seth y Anubis sintieron plena confianza… el ser humano sería eliminado de la faz de la tierra. Sin embargo, algo llegó a la razón de Seth.

- ¿Qué quisiste decir con que nos mezclaremos entre ellos y buscaremos a los mortales, Horus?

El dios mayor sonrío al ver la cara de confusión de Seth.

- ¿Qué pensaste? ¿Qué te quedarías aquí viendo cómo se masacran los seres humanos, los unos a los otros, únicamente para tu diversión?- le preguntó Horus.- NOSOTROS también iremos… elegiremos cinco jóvenes al azar… hombres o mujeres… lo que quieran… pero tomarán sus cuerpos, sus lugares en su vida mortal.
- Tú… ¿Irás también?- Hathor miró a Horus con duda, pero el Dios únicamente sonrió en respuesta.
- Serán cinco jóvenes… cinco jóvenes que serán elegidos al azar… cinco jóvenes mortales quienes tendrán el destino de SU mundo en sus manos... y el juego… comienza ahora.

Los cuatros Dioses restantes sonrieron triunfantes, ya tenían en mente a quienes podrían poseer, pues conocían a todos y cada uno de los mortales en su territorio. No cabía duda que demostrar sus argumentos sería la cosa más fácil para ellos.

- Arreglaré todo y nos marcharemos cuanto antes.

Seth fue quien se atrevió a cuestionar a Horus.

- ¿Qué quieres decir con irnos?
- Creían que les dejaría en nuestro territorio, sabiendo bien que conocen a cada mortal en este lugar. No será aquí… yo elegiré el lugar y les prometo que su experiencia será mejor de lo que creen.- Horus sonrió satisfecho ante la cara de sorpresa de sus hermanos.

Les tocaría aprender de la peor manera… pero Horus se encargaría de que la lección fuera comprendida en su totalidad.
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